lunes, 3 de marzo de 2008

la rebelión de los enanos


Vista desde la bahía. Empalizada alta. Esqueletos con carne todavía pegada, mechones de pelo unidos al cuero cabelludo, calaveras. Las ropas embolsando el viento.
A la entrada de cada casa, una familia atada. Hombres, mujeres y niños. Los enanos con sus palos todavía golpean postes donde están los esqueletos. Rueda un cráneao.
Los enanos no han calmado su furia, aún de haber matado a todos los haitantes del pueblo.

No están alegres ni se sienten victoriosos.
Los largos años de esclavitud dejaron sus marcas.
Se pasean violentos por los jardines. Van de acá para allá. Se pegan con cabezas y gorros contra la pared. Ahora matan gallinas, descuartizan palomas, pisan conejos y no se calman. Andan con el azadón el alto y de pronto golpean violentamente el piso. Corren. Se tropiezan. Se lastiman. El recuerdo los atormenta.

Una gaviota come la carne del ojo de una calavera. Chilla. el viento lo seca todo. Lo pulveriza. La plaza es un desierto. No queda nadie. Sólo enanos de jardín golpeando sus azadones contra el suelo.

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